domingo, 8 de junio de 2014

FEDERICO GARCÍA LORCA

BODAS DE SANGRE: SIMBOLISMO





Federico García Lorca nació en Fuentevaqueros (Granada), en 1898. Allí iniciaa estudios de Música, Derecho y Letras, que proseguiría en Madrid. Su labor poética y teatral le ha granjeado la máxima admiración pero también odios,los cuales le llevaron a su asesinato en agosto de 1936. 
La personalidad de Lorca nos ofrece una doble faz, por un lado su vitalidad y simpatía arrolladora; de otro, un íntimo malestar, un dolor de vivir, un sentimiento de frustración. De ahí que en sus obras aparezca como elemento obsesivo el tema del : destino trágico.
En sus obras expresa un angustiado erotismo en el que son recurrentes los motivos del amor perdido y de la felicidad imposible.
Este mundo místico lorquiano logra especial fuerza expresiva por le uso de diversos símbolos, reiterados a lo largo de toda su vida. Ademas de su significado más o menos definido, estos símbolos proporcionan  a los versos de Lorca un poder de sugerencia y un halo de misterio que dan a su poesía esa dimensión de trascendencia  casi ontológica que procede de la impresión de que existe una realidad que nunca se consigue totalmente aprende, en la que siempre falta algo por conocer. Símbolos centrales en los textos del poeta granadino son la luna, la sangre, el agua, el caballo, las flores y hierbas, los metales...El sentido de estos símbolos aunque suele relacionarse con la muerte, la tragedia, el infausto destino, el amor, la vida, la pasión, etc.,motivos todos onmnipresentes en el universo poético lorquiano, no tiene siempre un carácter unívoco y será necesario interpretarlos en función del texto donde esos símbolos se hallen.
En Bodas de sangre encontramos algunos de estos símbolos de carácter violento, que los expondremos a continuación:

EL PRIMERO: EL CUCHILLO O NAVAJA

La madre desde el comienzo de la obra ya menciona la palabra ¨cuchillo¨ haciéndose cargo de la vida de su marido e hijo. El cuchillo es el gran símbolo de esta obra porque determina el comienzo y el final de esta. El cuchillo ya avecina una tragedia porque la comparamos con la muerte. Imaginamos previamente a un hombre acuchillado por otro en venganza por una situación amorosa.
La mendiga también es un símbolo de muerte.


Mendiga:
Ilumina el chaleco y aparta los botones, 
que después las navajas ya saben el camino.

Luna:

Pero que tarden mucho en morir. Que la sangre 
me ponga entre los dedos su delicado silbo.
¡Mira que ya mis valles de ceniza despiertan 
en ansia de esta fuente de chorro estremecido!
Mendiga: No dejemos que pasen el arroyo. ¡Silencio!

Luna: ¡Allí vienen! 

EL SEGUNDO: LA LUNA


La luna es la que rige la vida y la muerte.  La luna es la que presencia la muerte de los protagonistas. La luna es símbolo de vida, es el principio femenino frente al sol, pero esta se une con la mendiga y su significado se pierde en destrucción y muerte.


Luna:

Cisne redondo en el río,
ojo de las catedrales,
alba fingida en las hojas
soy; ¡no podrán escaparse!
¿Quién se oculta? ¿Quién solloza
por la maleza del valle?
La luna deja un cuchillo
abandonado en el aire,
que siendo acecho de plomo
quiere ser dolor de sangre.
¡Dejadme entrar! ¡Vengo helada
por paredes y cristales!
¡Abrid tejados y pechos
donde pueda calentarme!
¡Tengo frío! Mis cenizas
de soñolientos metales
buscan la cresta del fuego
por los montes y las calles.
Pero me lleva la nieve
sobre su espalda de jaspe,
y me anega, dura y fría,
el agua de los estanques.
Pues esta noche tendrán
mis mejillas roja sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¡No haya sombra ni emboscada.
que no puedan escaparse!
¡Que quiero entrar en un pecho
para poder calentarme!
¡Un corazón para mí!
¡Caliente!, que se derrame
por los montes de mi pecho;
dejadme entrar, ¡ay, dejadme! (A las ramas.)
No quiero sombras. Mis rayos
han de entrar en todas partes,
y haya en los troncos oscuros
un rumor de claridades,
para que esta noche tengan
mis mejillas dulce sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¿Quién se oculta? ¡Afuera digo!
¡No! ¡No podrán escaparse!
Yo haré lucir al caballo
una fiebre de diamante.
EL TERCERO: EL CABALLO 


El caballo se hace presencia en la obra varias veces es símbolo de la pasión erótica, lujuria y sobre todo es un símbolo que nos representa a Leonardo. Es la virilidad, el libido fuera de control.


EL CUARTO: CORONA DE AZAHAR

Simboliza a la pureza de la novia, es un símbolo de unión porque las coronas se llevan en momentos importantes como por ejemplo en este caso: un matrimonio. Pero en bodas de sangre podemos representar esta corona como un rechazo a la atracción, una prohibición a lo sexual.

Criada: (Peinándola)¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!

Novia: Calla.

Criada: Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado y que él te roza los hombros con su aliento, como con una plumilla de ruiseñor.

Novia: (Fuerte.) ¿Te quieres callar?

Criada: ¡Pero, niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.

Novia: No se debe decir.

Criada: Eso es otra cosa. ¡Pero es bien alegre!

Novia: O bien amargo.

Criada: El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado. (Le prueba un ramo de azahar.)

Novia: (Se mira en el espejo) Trae. (Coge el azahar y lo mira y deja caer la cabeza abatida.)

EL QUINTO: EL RÍO /AGUA

El agua es un símbolo de fecundación, de regeneración. Es Leonardo quién va unido a este símbolo porque representa la energía inconsciente. En la obra se habla de agua negra que indica mal presagio y muerte.

EL SEXTO: LA SANGRE

La sangre es el color vital, la sangre da vida pero también muerte. Es un vehículo de pasión, de instinto entre los personajes






Aquí os dejo un enlace de una representación de la obra, espero que os guste ;)



CARA A CARA

Don Álvaro y Don Carlos

Ambos se encuentran en la misma ciudad pero no por los mismos propósitos y se hallan sin saber la identidad el uno del otro. Don Carlos es el hermano de Leonor y tiene cierta ira hacia el personaje de Don Álvaro porque es el hombre que le quito la vida a su padre y llevo a Leonor a huir por su amor, por ello va en busca de él.Don Carlos tiene que honrar la muerte de su padre y  Don Álvaro ha deshonrado a su familia.
En cambio, Don Álvaro es un hombre enamorado que al creer que su amor se ha ido para siempre, va en busca de su propia muerte.
Es un tema bastante cómico como tuvieron su primera toma de contacto como personas totalmente desconocidas. Don Carlos o teniente coronel "Don Félix de Avendaña" como se presenta hacia Don Álvaro o "Don Fadrique de Herreros" como se presenta ante Don Carlos; estaba jugando a las cartas y su propio enemigo le salva la vida:

ON ÁLVARO
 Huyeron..., ¿estáis herido?
DON CARLOS
Mil gracias os doy, señor;
sin vuestro heroico valor
de cierto estaba perdido,
y no fuera maravilla:1005
eran siete contra mí,
y cuando grité, me vi
en tierra ya una rodilla.

En el momento en que ambos se encuentran no se reconocen, forjan una mistad hasta el extremo que Don Carlos le salva la vida a Don Álvaro en la batalla. Algo verdaderamente curioso y también engañoso, ¿ no se supone que Don Álvaro debe morir a manos de Don Carlos para honrar a su padre? ¿Cómo es que no reconoce al asesino de su padre? Creo que en el transcurso de esta Jornada se pierde un poco el carácter de los personajes, no están yendo a su verdadera meta, al menos Don Carlos.
En el momento que Don Álvaro es consciente que puede morir le pide un favor a su enemigo Don Carlos, este al nombrar a Calatrava ve un gesto de temeridad  y es donde realmente desconfía sobre quién es Don Fabrique:
¿Y de Calatrava el nombre
por qué así le horrorizó
cuando pronunciarlo oyó?...1230
¿Qué hallará en él que le asombre?
¡Sabrá que está deshonrado!...
Será un hidalgo andaluz...
¡Cielos!...¡Qué rayo de luz
sobre mí habéis derramado1235
en este momento!...Sí.
¿Podrá ser éste el traidor,
de mi sangre deshonor,
el que a buscar vine aquí.
Don Carlos observa en la caja la foto de su hermana Leonor;
¡Cielos!.. No... no me engañé,1320
esta es mi hermana Leonor...
¿Para qué prueba mayor?...
Con la más clara encontré.
Ya está todo averiguado:
Don Álvaro es el herido.
Aquí Don Carlos crea un debate sobre salvar la vida de Don Álvaro de la misma forma que salvo la suya o dejarlo morir para honrar a su padre. Tenemos que tener en cuenta el tema de la honra en esta época. El honor es equivalente a la reputación, al prestigio, la gloria, la fama...¿Vivirá o morirá?

Y seguimos con Don Álvaro y la fuerza del sino....

SATANISMO EN DON ÁLVARO Y LA FUERZA DEL SINO

Si hablamos de satanismo en una obra literaria tendremos que referirnos a simbolismo. Los símbolos nos ayudan a interpretar el mensaje oculto que el autor nos quiere transmitir al espectador. El mensaje oculto es el que realmente impresiona al lector.
Si hablamos de símbolo satánico debemos saber que estos son alusiones al diablo, al infierno.
Es extraño que los autores no usen símbolos en sus obras, por ejemplo tenemos a Edgar Allan Poe que es conocido por la tragedia que sufrió durante su vida y sus cuentos y poesía a menudo incluían imágenes de oscuridad y muerte que sin duda eran simbólicas de los acontecimientos de su vida.
En la obra teatral de Don Álvaro y la fuerza de sino, la cual estamos citando en nuestras últimas entradas, nos encontramos símbolos satánicos en la jornada V de la obra.
La Jornada V comienza:
El teatro representa lo interior del claustro bajo el convento de los Ángeles, que debe ser una galería mezquina alrededor de un patiecillo, con naranjos, adelfas y jazmines. A la izquierda se verá la portería, a la derecha, la escalera. Debe de ser decoración corta, para que detrás estén las otras por su orden. Aparecen el PADRE GUARDIÁN paseándose gravemente por el proscenio, y leyendo en su breviario, el HERMANO MELITÓN sin manto, arremangado, y repartiendo con su cucharón, de un gran caldero, la sopa, al VIEJO, al COJO, al MANCO, a laMUJER y al grupo de pobres que estará apiñado en la portería.
El papel del Hermano Melitón se ve dañado, a nuestros ojos debemos ver un hombre que ama a Dios, que ama al prójimo y lo ayuda pero en la obra no se representa así. El pueblo, ya reclama al padre Rafael que actúa con mas cariño y respeto hacia al prójimo:

MUJER.- Mis cuatro raciones.
MANCO.-¡A mí antes!
VIEJO.- ¡A mí!
TODOS.-¡A mí, a mí!...
HERMANO MELITÓN.-Váyanse noramala, y tengan modo... ¿A que les doy con el cucharón?...
PADRE GUARDIÁN.- ¡Caridad, hermano, caridad, que son hijos de Dios!
HERMANO MELITÓN.- (Sofocado.) Tomen, y váyanse...
MUJER.- Cuando nos daba la guiropa el padre Rafael lo hacía con más modo y con más temor de Dios
HERMANO MELITÓN.- Pues llamen al padre Rafael..., que no los puedo aguantar ni una semana.
Aunque el hermano Melitón ayuda a los pobres a no pasar hambre, el mensaje oculto es que no tan buena persona como padre Rafael. El padre Guardián también tiene unas buenas palabras para él:
PADRE GUARDIÁN.-Basta, hermano, basta. El padre Rafael no podía, teniendo que cuidar el altar, y que asistir al coro, entender en el repartimiento de la limosna, ni éste ha sido nunca encargo de un religioso antiguo, sino incumbencia del portero... ¿Me entiende?... Y, hermano Melitón, tenga más humildad, y no se ofenda cuando prefieran al padre Rafael, que es un siervo de Dios a quien todos debemos imitar.
Como he mencionado anteriormente el hermano Melitón es un personaje soberbio y arrogante, he intenta que tanto el padre Guardián como el lector cambiemos la idea concebida del padre Rafael:
HERMANO MELITÓN.- Pues el día que fue a Hornachuelos a auxiliar a su alcalde, cuando estaba en toda su furia aquella tormenta en que nos cayó la centella sobre el campanario, al verle yo salir sin cuidarse del aguacero, ni de los truenos que hacían temblar estas montañas, le dije por broma que parecía entre los riscos un indio bravo, y me dio un berrido que me aturrulló... Y como vino al convento de un modo tan raro, y nadie lo viene nunca a ver, ni sabemos dónde nació...
PADRE GUARDIÁN.- Hermano, no haga juicios temerarios. Nada tiene de particular eso, ni el modo con que vino a esta casa el padre Rafael es tan raro como dice. El padre limosnero, que venía de Palma, se lo encontró muy mal herido en los encinares de Escalona, junto al camino de Sevilla, víctima, sin duda, de los salteadores, que nunca faltan en semejante sitio, y lo trajo al convento, donde Dios, sin duda, le inspiró la vocación de tomar nuestro santo escapulario, como lo verificó en cuanto se vio restablecido, y pronto hará cuatro años. Esto no tiene nada de particular.
HERMANO MELITÓN.-Ya, eso sí... Pero, la verdad, siempre que lo miro me acuerdo de aquello que vuestra reverendísima nos ha contado muchas veces, y también se nos ha leído en el refectorio, de cuando se hizo fraile de nuestra Orden el demonio, y que estuvo allá en un convento algunos meses. Y se me ocurre si el padre Rafael será alguna cosa así... pues tiene unos repentes, una fuerza, y un mirar de ojos...
El hermano Melitón está haciendo conjeturas y empieza a cuestionarlo. Aquí podemos deducir que el padre Rafael no es quién pretende ser, es decir, es un fraude porque en realidad nos enfrentamos con Don Álvaro. Esa lucha que tienen los personajes del Romanticismo al engañar o pretender ser quiénes no son, para conseguir sus objetivos.
Tan pronto como comienza la escena III, con la introducción de Don Alfonso podemos ver el primera alusión a un símbolo satánico:
HERMANO MELITÓN (con miedo) - Al momento. padres Rafaeles... hay dos. ¿Con cuál queréis hablar vos?
DON ALFONSO- Para mí, mas que haya ciento. El padre Rafael... (Muy enfadado.)
HERMANO MELITÓN-¿El gordo? ¿El natural de Porcuna? No os oirá cosa ninguna, que es como una tapia sordo. Y desde el pasado invierno en la cama está tullido;noventa años ha cumplido. El otro es...
DON ALFONSO- El del infierno.
Don Alfonso se refiere a Don Álvaro como El del infierno, es mencionado como un demonio. Se puede interpretar como una persona que no merece vivir o una persona que ha deshonrado a su familia. También en esta escena se desenmascara al padre Rafael y se desvela su verdadera identidad.
Y de nuevo se encuentran cara a cara Don Alfonso y Don Álvaro:
DON ALFONSO ¿Me conocéis?
DON ÁLVARO No, señor.
DON ALFONSO ¿No encontráis en mi semblante rasgo alguno que os recuerde de otro tiempo y de otros males? ¿No palpita vuestro pecho, no se hiela vuestra sangre,no se anonada y confunde vuestro corazón cobarde con mi presencia?... O, por dicha,¿es tan sincero, es tan grande,tal vuestro arrepentimiento,¿es tan sincero, es tan grande,tal vuestro arrepentimiento,Rafael de aquel indiano don Álvaro, del constante azote de una familia que tanto en el mundo vale? ¿Tembláis y bajáis los ojos?Alzadlos, pues, y miradme.(Descubriéndose el rostro y mostrándoselo.)
DON ÁLVARO ¡Oh Dios!... ¡Qué veo!... ¡Dios mío!¿Pueden mis ojos burlarme?¡Del marqués de Calatrava viendo estoy la viva imagen!
En estos vernos Don Álvaro vuelve hacia años atrás y recuerda todo la mala desdicha que tuvo. Él que se refugió en la oración como fraile para el perdón de sus pecados. Don Alfonso viene con sed de venganza es un indicio de violencia.
El carácter de Don Álvaro da un giro ya no es un fraile sosegado si no un hombre que también quiere venganza y acepta el duelo de Don Alfonso:
DON ÁLVARO ( Fuera de sí.) ¡ Vos mentís, mentís, infame! Venga el acero; mi furia (Toca el pomo de una de las espadas.) os arrancará la lengua, que mi clara estirpe insulta. Vamos.
DON ALFONSO- Vamos.
DON ÁLVARO-(Reportándose.) No..., no triunfa tampoco con esta industria de mi constancia el infierno. Retiraos, señor.
DON ALFONSO- (Furioso) ¿ Te burlas de mí, inicuo? Pues cobarde combatir conmigo excusas, no excusarás mi venganza. Me basta la afrenta tuya. Toma. (Le da una bofetada.)
DON ÁLVARO (Furioso y recobrando toda su energía.) ¿ Qué hiciste?...¡ Insensato! Ya tu sentencia es segura: ¡Hora es de muerte, de muerte! ¡El infierno me confunda!
Otra escena donde se puede ver claramente que Don Álvaro acepta el duelo es al final de la escena VII:
HERMANO MELITÓN.- (Saliéndole al paso.) ¿Adónde bueno?
DON ÁLVARO.-(Con voz terrible.) ¡Abra la puerta!
HERMANO MELITÓN.- La tarde está tempestuosa, va a llover a mares.
DON ÁLVARO.- Abra la puerta.
HERMANO MELITÓN.- (Yendo hacia la puerta.) ¡Jesús!... Hoy estamos de marea alta... Ya voy... ¿Quiere que le acompañe?... ¿Hay algún enfermo de peligro en el cortijo?...
DON ÁLVARO.- La puerta, pronto.
HERMANO MELITÓN.- (Abriendo la puerta.) ¿Va el padre a Hornachuelos?
DON ÁLVARO.- (Saliendo con DON ALFONSO.) ¡Voy al infierno!
Es curioso la de veces que Don Álvaro pronuncia ir al infierno. Él buscaba la muerte para acabar con su sufrimiento, se siente como un demonio por eso aclama al infierno. Pero al mismo tiempo hace aclamaciones a Dios, y que se apiade de él. Como por ejemplo:¡Oh Dios!... ;¡Misericordia!... Y vos, hombre o ilusión, ¿sois, por ventura un tentador que renueva mis criminales angustias para perderme?... ¡Dios mío!
Cuando recuerda a Leonor todo son ruegos y aclamar a Dios pero cuando ve la desdicha se presenta como un monstruo, un demonio.
Para terminar con estos signos satiricos dentro de la obra tenemos la escena final de la Jornada V, donde con la intervención de Doña Leonor y el suicidio de Don Álvaro acaba la obra. Como bien citan, en el artículo José Valero y Stephanie Zighelboim: Don Álvaro esconde sólo “una serie de circunstancias fortuitas sin la menor lógica”,
demostración más bien de la fuerza del desatino que de la del destino, que afectan a un
protagonista gesticulante y contradictorio que tiene poco en común con los verdaderos
héroes románticos. Esta abocado a la autodestrucción. Otro argumento de este artículo, el propio subtítulo el “sino” tiene varios significados puede ser “signo” o “el destino o suerte que vanamente cree el vulgo ha de suceder ciertamente por el influjo de los astros”. La fuerza del sino es la “fuerza del signo” y esa fuerza esta asociada al dinero, el signo que lo significa todo. Puede ser que el autor lleve al protagonista al suicidio por todos los infortunios que ha tenido con las sociedad por la lucha de clases o solamente por dejarse llevar por su suerte.

Escena última
Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca, crecen los relámpagos, y se oye cantar a lo lejos el Miserere a la comunidad, que se acerca lentamente.
VOZ DENTRO.- ¡Aquí, aquí! ¡Qué horror!
(DON ÁLVARO vuelve en sí y luego huye hacia la montaña. Sale el PADRE GUARDIÁN con la comunidad, que queda asombrada.)
PADRE GUARDIÁN.- ¡Dios mío!... ¡Sangre derramada!... ¡Cadáveres!... ¡La mujer penitente!
TODOS LOS FRAILES.- ¡Una mujer!... ¡Cielos!
PADRE GUARDIÁN.- ¡padre Rafael!
DON ÁLVARO.- (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso, dice.) Busca, imbécil, al padre Rafael... Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador... Huid, miserables.
TODOS.- ¡Jesús, Jesús!
DON ÁLVARO.- Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción...! (Sube a lo más alto del monte y se precipita.)
EL PADRE GUARDIÁN Y LOS FRAILES.- (Aterrados y en actitudes diversas.) ¡Misericordia, Señor! ¡Misericordia!
Aquí os dejo el enlace la película por si os interesa: 




Soliloquio de Don Álvaro

Don Álvaro o la fuerza del sino

Drama original en cinco jornadas, y en prosa y verso, Duque de Rivas
El teatro es pieza fundamental del romanticismo en España. Frente al neoclasicismo, se alza el drama romántico. Éste se plasma esencialmente en dos subgéneros: la tragedia y el melodrama.
El teatro romántico español lleva al escenario las tensiones de la sociedad y los conflictos existenciales del hombre, pero ambientadas en el pasado histórico o legendario de la Edad Media. Es un teatro de intrigas complicadas, de fantasmas, de bosques encantados, de ruinas grandiosas y, por supuesto, de amor y de muerte. Que mejor obra representativa del siglo XVIII para mostrar la lucha del amor en una sociedad de clases que;

En la Jornada tercera. Escena III. El teatro representa una selva muy oscura. Aparece al fondo DON ÁLVARO, solo, vestido de capitán de granaderos, se acerca lentamente, y dice con gran agitación.Está ambientada en Veletri, Italia.
La escena se abre con un soliloquio de Don Álvaro. En este monólogo Don Álvaro muestra muchas inquietudes y sentimientos desdichados.

¡qué calabozo profundo
para el hombre desdichado
a quien mira el cielo airado
con su ceño furibundo!
En el verso expresa que no todos los hombres tienen la misma suerte. Hace una controversia sobre el hombre que llega alcanzar la felicidad y el hombre que es desgraciado y no alcanza la felicidad. Don Álvaro refleja en sus palabras que es un hombre desdichado porque no logra tener el amor de Leonor y, por tanto no es feliz. Pero alude en su monólogo un momento de felicidad:
Si aquel día de placer
925
(que uno solo he disfrutado),
Fortuna hubiese fijado,
¡cuán pronto muerte precoz
con su guadaña feroz
mi cuello hubiera segado!

Cuando un hombre logra ser feliz, esa felicidad es breve pero la desdicha es más larga y duradera. En el verso, Don Álvaro reclama que si hubiera sabido que tan solo tendría un día de felicidad, se hubiera arraigado a esa fortuna sin dejarla escapar.
Al ver  su infortunio Don Álvaro desea su muerte:
Llámanme la prez de España,
985
y no saben que mi ardor
sólo es falta de valor,
pues busco ansioso el morir
por no osar el resistir
de los astros el furor.
Él no tiene miedo a morir, no se trata de la valentía del honor de un soldado sino de acabar con el tormento de no poder estar con Leonor, quiere acabar con esa agonía que le hace infeliz. La muerte del protagonista  puede significar como una vía de escape de la realidad.